Es muy difícil ser víctima (de abusos) y ser mujer

Diciembre 6, 2018 | Carátula Prensa Compartir:

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Son testimonios escalofriantes. Las voces del silencio. Mujeres víctimas de abusos injustos y humillaciones gratuitas. Por un día, sus historias retumbaron en Roma. A pocas cuadras del Vaticano. Justo cuando el Papa Francisco trabaja en una cumbre de obispos sin precedentes, para abordar de lleno la crisis por los abusos sexuales que sacude a la Iglesia universal, un grupo de mujeres rompieron el silencio y cuestionaron los resortes del poder eclesiástico que alimentan la perpetuación de este flagelo. Dejaron un mensaje claro: Todavía falta mucho por hacer.

“Rompiendo el silencio. Las voces de las mujeres en la crisis de los abusos” fue el título de la conferencia que tuvo lugar la tarde de este martes 27 de noviembre en la histórica Biblioteca Angélica de la capital italiana. Organizada por la plataforma Voices of faith, logró juntar a mujeres destacadas y, al mismo tiempo, sobrevivientes de abusos en la Iglesia. Los detalles de sus historias son capaces de erizar la piel hasta a los más indiferentes.

Como Rocío Figueroa Alvear, teóloga peruana, quien llegó a dirigir la oficina dedicada a la mujer en el Pontificio Consejo para los Laicos del Vaticano y, gracias a su tenacidad, logró sacar a la luz los abusos sistemáticos perpetrados por el fundador de la comunidad a la que ella perteneció durante años: el Sodalicio de Vida Cristiana.

Su relato, plagado de vivencias personales, dejó en claro el comportamiento malévolo y esquizofrénico manifestado por el Luis Fernando Figari; el mismo modo de actuar de los principales integrantes de la cúpula en esa organización. Ella misma reconoció haber sido abusada por Germán Doig, el carismático vicario general, quien falleció en 2002 con una supuesta “fama de santidad”. Y contó cómo, cuando fue a hablarle al fundador de los abusos sufridos, este montó en cólera, la acusó de mentirosa y sentenció: “¡Es que nosotros necesitamos un santo!”.

Una enfermedad pasada sola en Italia, la prohibición de volver al Perú, su renuncia al Vaticano en medio de la indiferencia generalizada y hasta la invitación de un alto cardenal de la Curia Romana a dejar su comunidad o permanecer siendo un “soldado silente”, son condimentos increíbles de una historia triste.

“En el Sodalicio llegamos a identificar a cuatro perpetradores, todos ellos entre los líderes de la comunidad, se confirmaron 77 víctimas y se pagaron cuatro millones de dólares en reparaciones. El fundador apenas ha sido sancionado con una vida de oración y penitencia, reside en Roma mientras en Perú ya le dictaron prisión preventiva”, señaló.

A distancia de años de esas traumáticas experiencias, Figueroa constató: “Es muy difícil ser víctima (de abusos) y ser mujer”. Esto lo atribuyó al machismo imperante en América Latina y otras latitudes. Mientras a un niño menor de edad se le cree con más facilidad, cuando se habla de los ataques contra mujeres se sugiere que ellas son en cierto modo responsables. Porque “sedujeron” o, incluso, “eran amantes”.

Por eso, se dirigió a las mujeres víctimas y les aseguró: “No es un fracaso moral el abuso. Tenemos que romper el silencio, sólo en la verdad destruiremos la cadena de poder, por eso tenemos que ser mujeres de verdad”.