Las ocho mujeres de Benedicto XVI

Lo dicen las estadísticas: el ejército de Dios es abrumadoramente femenino. En el mundo se cuentan cinco veces más monjas que sacerdotes: 753.400 frente a 191.810, según rezan los datos correspondientes a 2005-2006. Sin embargo las mujeres siempre han brillado por su ausencia en los 0,44 kilómetros cuadrados del Estado del Vaticano, ese pequeño territorio exacerbadamente masculino donde se concentra el poder de la Iglesia...

Pero las cosas están empezando a cambiar, aunque tímidamente y con considerable retraso en relación con el resto de Occidente. Ahora, junto a los cerca de 4.000 cardenales, monseñores, sacerdotes y varones laicos que prestan servicio en los despachos y oficinas de la Santa Sede (para entendernos, en el Gobierno de la Iglesia) y en los distintos departamentos del Estado del Vaticano (es decir, en la administración civil) se codean también 640 mujeres trabajadoras. Las féminas ya copan cerca de un 16% de los empleos pontificios, según destaca la periodista austriaca Gudrun Sailer, autora del libro 'Frauen im Vatikan' (Mujeres en el Vaticano).

Es verdad que los que mandan siguen siendo los hombres. En el organigrama del gobierno civil del Vaticano (y ya no digamos en la curia romana) no hay ni una sola mujer que ejerza como 'ministra' o 'viceministra'. Al frente de las veinte congregaciones y pontificios consejos -los equivalentes vaticanos a los ministerios- hay hombres, hombres y sólo hombres. Ni uno sólo de sus nueve prefectos, diez presidentes y veintiún secretarios es del sexo femenino. Y entre sus 21 subsecretarios (cargo que equivale al de número tres) hay solamente una mujer: sor Enrica Rossana, de 69 años, la mujer que más alto ha logrado llegar en el machista mundo del Vaticano. Esta italiana desempeña desde hace cuatro años el cargo de subsecretaria de la Congregación de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, puesto que comparte, eso sí, con otro subsecretario varón.

Aún así hay que admitir que desde 1965, cuando concluyó el Concilio de Vaticano II y la Santa Sede comenzó poco a poco a abrir sus puertas a las mujeres, se han hecho progresos importantes. Las mujeres desembarcaron en el Vaticano para ocuparse, irremediablemente, de colocar cazuelas en los fogones y empuñar escobas. Pero ‘piano, piano’ fueron escalando posiciones. Durante el Pontificado de Pablo VI comenzaron a ejercer también tareas de secretariado. Y ahora se concentran sobre todo en los mandos intermedios, lo que implica que aunque no ordenan y mandan ejercen cargos de cierta responsabilidad.

El Papa tiene potestad para nombrar a los responsables máximos de las congregaciones y pontificios consejos, léanse prefectos, presidentes, secretarios y subsecretarios. Pero, con esa excepción, el Vaticano se organiza según un sistema funcionarial dividido en diez niveles, siendo el más alto el 10. Pues bien: la mayoría de las mujeres se encuentran entre los niveles 5 y 7.

Ahí está por ejemplo sor Judith Zoebelein, responsable de la página web del vaticano. O la teóloga peruana Rocío Figueroa, al frente de la sección de la mujer del Pontificio Consejo de los Laicos. O la austriaca Sigrid Spath, traductora de los textos de Benedicto XVI. O la rusa Natalia Tsaekova, pintora oficial del Pontífice. Por no hablar de Maria Gargiolli, una psiquiatra que presta servicio en el Tribunal de la santa Rota. Claudia de Giovanni, por su parte, dirige la Filmoteca vaticana. Mientras que Paola Fabrizzi es oficial del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Hasta L’Osservatore Romano, el periódico oficial de la Santa Sede, ha experimentado una pequeña 'revolución rosa': desde el pasado 2 de mayo, y por primera vez en sus 147 años de historia, ha incorporado una periodista a su redacción, la florentina Silvia Guido.

"Las mujeres en el Vaticano se dedican con devoción a su trabajo y dan a sus tareas un valor extra, un toque femenino, algo de lo que carecen las diferentes congregaciones vaticanas", afirma Gudrun Sailer, quien se muestra convencida de que la presencia de mujeres en la Santa Sede cada día será mayor. "Se trata también una cuestión generacional. Cada vez habrá más sacerdotes de 40 años en lugares relevantes, y algunos se acordarán de sus compañeras en la facultad de teología la hora de asignar cargos".

El gran salto de las mujeres tuvo lugar durante los últimos años del pontificado de Juan Pablo II, autor de la carta apostólica 'Mulieris Dignitatem', el único documento papal destinado a las mujeres en 2.000 años de historia de la Iglesia. Fue Wojtyla quien en abril de 2004 nombró a sor Rossana subsecretaria de Vida Consagrada. Ya una década antes, en enero de 1994, el Papa polaco había designado a la jurista norteamericana Mary Ann Glendon, actual embajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede, como presidente de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales. Y las riendas de la otra academia pontifica, la de Arqueología, Juan Pablo II también las puso en mayo de 2003 en manos de una mujer: la italiana Leticia Ermini Pani. Asimismo, y desde 2004, dos mujeres (la laica alemana Barbara Hallensleben y la religiosa estadounidense Sara Butler- forman parte de la Comisión Teológica Internacional.

Y todo indica que Benedicto XVI piensa seguir por esa senda. El cardinal Tarcisio Bertone, el número dos del Papa, anunciaba en una rueda de prensa en julio pasado que Joseph Ratzinger tenía intención de dar a las mujeres "más espacio y más importancia" en los puestos de trabajos de la Santa Sede. El propio Benedicto XVI abogaba en 2006 por que las mujeres tuvieran dentro de la jerarquía vaticana un lugar más prominente. "Estamos revisando su responsabilidad dentro de la Iglesia", declaraba el pontífice en un coloquio con varios periodistas alemanes. No en vano, muchos dentro del Vaticano consideran que uno de los motivos del proceso de secularización que vive Europa es que muchas mujeres han dado la espalda a la Iglesia, hartas de sentirse marginadas por ella.

La pintora. Natalia Tsarkova, 40 años. Retratista oficial del Papa. Atractiva, ortodoxa, soltera y rusa, esta mujer ocupa el puesto en el que hace cinco siglos estuvieron Miguel Ángel o Rafael. Empezó en 2000, cuando el séquito del Santo Padre le pidió a Juan Pablo II que permitiera que le hicieran un retrato para su 80 cumpleaños. El Pontífice polaco aceptó, siempre que no tuviera que posar. El Vaticano se puso entonces en contacto con Tsarkova, famosa por retratar a la nobleza romana. "Me concedieron una autorización especial para circular libremente en el Vaticano. Conseguí acercarme al Papa varias veces para estudiar sus gestos y su forma de dar la bendición. También me dejaron examinar su indumentaria", recuerda. Tras cinco meses de trabajo, presentó el cuadro a Juan Pablo II. Fue el 8 de mayo de 2000, un par de días antes de su cumpleaños.

La cineasta. Claudia di Giovanni, 44 años. Directora de la Filmoteca del Vaticano. Su misión es conservar la memoria visual de la Iglesia. "Soy la primera mujer que ocupa este cargo, pero la ampliación de la presencia de las mujeres ya estaba en marcha con Juan Pablo II", comenta esta mujer, casada y con dos hijos. "Mi equipo está integrado totalmente por mujeres. Hasta la proyeccionista es una joven que vive en Roma".

Di Giovanni, que representa al Vaticano en los festivales, lleva años estudiando la relación entre el cine y la espiritualidad. "Me interesan películas que mejoran la humanidad", asegura. Y cita filmes como "La misión", "El festín de Babette" y "El señor de los anillos". Los archivos históricos se remontan a la época de León XIII (1878-1903). Entre las joyas de los 7.000 rollos de película que custodia señala la inauguración de Radio Vaticano, en 1931, con Pío XI y Marconi, o el cónclave y elección de Pío XII. En la filmoteca se guardan también cintas comerciales como "L’Inferno", de 1911. Inspirada en Dante, en ella se usaron por primera vez efectos especiales.

La más poderosa. Enrica Rosanna, 69 años. Subsecretaria de la Congregación para los Institutos de la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Es la mujer más poderosa en la Santa Sede, la que desde hace cuatro años ocupa el cargo de mayor responsabilidad. "Mi nombramiento para este cargo por Juan Pablo II es resultado de la apertura de la Iglesia", opina. "En términos de números, en comparación con los sacerdotes y seglares, hay el doble de monjas, a las que deben añadirse más de 47.000 monjas contemplativas, vírgenes consagradas de instituciones laicas, mujeres consagradas que apoyan nuevas formas de vida evangélica y las monjas que pertenecen a los Institutos de Derecho Diocesano. Espero que otras mujeres lleguen a ocupar cargos de responsabilidad, pero llevará tiempo. No se pueden borrar siglos de historia en unos minutos. La mujer puede aportar un toque de 'ingenio femenino', un elemento necesario cuando se gestionan asuntos delicados".

La psiquiatra. Maria Gargiolli, 67 años. Abogada en el Tribunal de la Rota Romana. Ha sido la experta en Psiquiatría del Tribunal de la Rota Romana durante más de 20 años. Mujer casada, examina solicitudes de anulación de matrimonio provenientes de todas partes del mundo que alegan motivos psicológicos. "Debo determinar si hay enfermedad mental, problemas de comportamiento o si se están fingiendo los síntomas", explica. Los términos narcisismo, depresión e inmadurez emocional le resultan familiares. Gracias a su amplia experiencia, cree firmemente que "ninguna pareja se separa por placer". Hace dos años, se convirtió, además, en la primera mujer en ingresar en el equipo de abogados de la Rota Romana. Opina que la presencia femenina es vital: "Es otro punto de vista. A menudo es más fácil confiar en las mujeres. Lo he visto al trabajar como psiquiatra con enfermos y presos".

Después de haber sido la única mujer admitida en la prestigiosa Escuela de Bellas Artes de Moscú, Tsarkova se instaló en Italia en 1995. Allí sigue hoy, en un taller a dos pasos de los Museos Vaticanos.

El pasado 12 de diciembre, tras dos años de trabajo, Natalia presentó a Benedicto XVI su retrato oficial. El cuadro (de 1,80 por 1,20 metros) presenta al actual Papa en el trono de León XIII (1878-1903) con capa roja. Es el tercer papa que ha pintado. Hace algunos años, le pidieron un retrato de Juan Pablo I, más de 20 años después de su muerte.

La traductora. Sigrid Spath, 68 años. Experta en idiomas. Protestante austriaca, llegó a Roma hace unos 40 años. Hoy traduce los escritos de Benedicto XVI... ¡al alemán! Con la llegada del Papa bávaro pensó que no tendría trabajo. Pero se equivocaba. "Benedicto XVI escribe en italiano y en francés tan bien como lo hace en su lengua materna", explica. De manera que lo que Spath hace es traducir los textos que Ratzinger escribe en italiano a su lengua materna. Una ardua tarea cuando se trabaja para un pontífice de la talla intelectual de Benedicto XVI.

Esta mujer dinámica, que practica su fe y también trabaja como mediadora entre sus hermanos protestantes y la doctrina católica, intentando resolver las controversias que puedan surgir, reparte su tiempo entre su trabajo con la Curia jesuita, los mandatos de la Secretaría de Estado y sus traducciones para "L’Osservatore Romano". Incansable e inquisitiva, aprendió polaco para poder "comprender los discursos políticos de Juan Pablo II a los fieles cuando invocaba a la Virgen Negra de Czestochowa". De las nueve veces que Karol Wojtyla visitó Polonia como Papa, en seis fue al santuario de la Madona Negra.

En Benedicto XVI, Spath ve un "gran conocedor de la obra de Lutero". Destaca, además, su "carisma pedagógico" y su deseo permanente de confrontar ideas.

La jefa de internet. Judith Zoebelein, 58 años. Responsable de la página web del Vaticano. Sor Internet. Éste es el apodo de Judith Zoebelein en los pasillos del Vaticano. Creadora de la página oficial de la Santa Sede (www.vatican.va), esta pequeña y dinámica mujer de cabellos canosos está en contacto con las últimas informaciones de la Red. "Fotos, vídeos, blogs, veo de todo...", confiesa. "Internet es una revolución que permite a todos tener acceso a una red común y cambiar las relaciones humanas". Su deseo es que Internet, en lugar de aislar a las personas, se convierta en un medio de intercambio con otros como parte de un grupo. "Que cree vínculos", resume esta mujer con espíritu comunitario.

Aparte de estar encargada del portal de la Santa Sede, sor Judith Zoebelein también trabaja en la espinosa cuestión de las relaciones entre las distintas religiones dentro del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, dirigido por el cardenal Tauran. "Es regresar a una tarea que desempeñé hace tiempo. Viví muchos años en Jerusalén, la ciudad de las religiones", explica esta franciscana estadounidense que realizó varios estudios sobre el islam y el budismo durante las temporadas que pasó en África, en Asia y en Oriente Próximo.

Sor Judith cree que la presencia de las mujeres en el Vaticano es importante: "Contribuye a conseguir una imagen más completa de la vida de la Iglesia".

La defensora de la mujer. Rocío Figueroa Alvear, 39 años. Responsable de la sección femenina del Consejo Pontificio para los Laicos. Es una de las integrantes más jóvenes del Vaticano. Esta peruana define su cargo como "un observatorio de la vida cotidiana de las mujeres".

Figueroa Alvear mantiene relaciones con todos los movimientos de mujeres del mundo que actúan dentro de la Iglesia. Ella fue, por ejemplo, la responsable del coloquio "Mujer y hombre, la totalidad del Humanum", organizado por el Consejo Pontificio para los Laicos en febrero para celebrar el XX aniversario de la carta apostólica de Juan Pablo II "Mulieris Dignitatem". Insiste en recordar que Benedicto XVI ha expresado en varias ocasiones el valor que concede la Iglesia a las contribuciones de las mujeres.

Como profesora, esta seglar consagrada, superiora de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, enseñó Teología hasta el verano pasado. También dedica parte de su tiempo a su organización, que se encarga de niños enfermos en Roma. Volcada en luchar contra la discriminación que afecta a las mujeres, le preocupa la diseminación de una noción de género "que cancela las diferencias" y la idea de una paridad artificial entre los sexos. "Intentar ser como los hombres significa apoyar el chovinismo masculino. Las mujeres tenemos nuestros propios dones, como la intuición, que debemos fomentar".

La profesora. Paola Fabrizi, 63 años. Directora del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos. Ingresó en este órgano en 1969 como asistente cuando todavía no había cumplido 25 años y era estudiante. Al frente del mismo estaba entonces el cardenal holandés Johannes Willebrands, pionero del ecumenismo y fallecido hace un par de años. Casi cuatro décadas después, esta mujer soltera y que reside en la ciudad de Roma es una de las directoras del consejo.

El organismo en que desempeña sus funciones está dividido en dos secciones, una que se encarga del diálogo con las iglesias cristianas occidentales (protestantes, anglicanos...) y otra que se centra en las relaciones con las iglesias cristianas de Oriente.

La doctora Paola Fabrizi se ocupa del diálogo entre católicos y ortodoxos. Por ese motivo esta italiana viaja con bastante frecuencia a países como Rusia, Alemania o Líbano. Además, Fabrizi, primera mujer laica que llegó a una jefatura de departamento en la estructura del Vaticano, es la persona que se encarga de organizar periódicamente los coloquios y visitas a la Santa Sede de diversos representantes del credo ortodoxo.

"La ortodoxia es para mí, como mujer católica, dos cosas. Por un lado, un espejo. Por otro, un medio de aprender sobre la diversidad. Y en particular la diversidad de ritos y de liturgias", explica con serenidad.