Un pervertido no puede ser santo

Agustín Figueroa
Opinión

En la columna Del Director, Iván Slocovich escribió un artículo titulado “El Sodalicio y la justicia penal”, cuyo primer párrafo dice: “Las declaraciones de Armando Lengua Balbi, abogado del fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, Luis Figari, a quien se acusa de cometer abusos físicos, psicológicos y sexuales contra los jóvenes que ingresaron a su institución religiosa, han hecho un flaco favor a su muy cuestionado y muy sospechoso patrocinado, pues al confirmar que no vendrá al país ni dará la cara para defenderse, queda claro que el personaje tiene asuntos que ocultar”. Estos asuntos están explicados en el libro Mitad monjes, mitad soldados de Pedro Salinas. El autor ha declarado que en esta cuestionada institución seudorreligiosa los jóvenes se volvían talibanes, haciendo referencia a la milicia talibana, una secta fundamentalista musulmana que trata de imponer la doctrina del islam por la fuerza. Hace varias décadas que se sabe que los denominados sodálites eran y son talibanes, es decir, colonos mentales, víctimas de lavados mentales, indefensos ante la perfidia de sus perversos líderes. Los católicos de buena voluntad y los hombres y mujeres de bien estarán mejor cuando esta maléfica institución seudorreligiosa desaparezca de la civilización judeocristiana. Algunas de estas víctimas reaccionaron tarde, pero reaccionaron al fin. Según Pedro Salinas y su colaboradora Paola Ugaz, el testimonio más valioso que publicaron, referido a los pedófilos del Sodalicio, es el de Rocío Figueroa Alvear, mi prima hermana. Me uno al juicio de Pedro y de Paola, no por mi relación familiar con Rocío, sino por el convencimiento de la importancia de la lucha contra los corruptos y corruptores de esta temeraria mujer peruana. El autor del libro la describe así: “Me refiero a la persona que quiso hacer la diferencia y tuvo el coraje de querer cambiar las cosas, contra viento y marea. Paradójicamente no se trata de un sodálite, sino de una fraterna. Es decir, se trata de una mujer que formó parte de la rama femenina del Sodalitium, conocida como la Fraternidad Mariana de la Reconciliación. Y esta es su historia. La vida de Rocío es la de una mujer optimista que no se arredra ante la adversidad. Que parece no temerle a nada y que, cuando se topa ante la injusticia, es capaz de ponerlo todo patas arriba. Desde niña quería ser monja. Pero no una monjita cualquiera, hay que precisar. No. Rocío quería ser una monja misionera e irse al África. Para ayudar a los necesitados. Me cuenta que, a la temprana edad de once años, ya tenía esa actitud filantrópica y solidaria, e incluso ayudó a organizar una asociación para el orfanato, y le creo porque el ímpetu de Rocío puede sentirse en la forma apasionada que usa para expresarse. Es intensa. Verborrágica. Animosa. Inteligente. Carismática. Y guapa”. Rocío cayó en una organización seudorreligiosa que estaba dirigida por machistas homínidos, las mujeres eran consideradas y tratadas como personas humanas de segundo nivel. Tal como lo que sucede en sectores más primitivos y reaccionarios de la Iglesia católica, tal como sucede con los judíos ortodoxos radicales y tal como es la tradición de los musulmanes extremistas, sean sunitas o chiitas. El mérito de Rocío es haber enfrentado personalmente a los perversos Germán Doig y Luis Fernando Figari, en dos épocas distintas, y haber impedido que el primero sea santificado y que el segundo continúe manipulando a los ingenuos del Sodalicio. Pedro Salinas escribió lo siguiente con relación a la actitud de Rocío: “Figari le pidió a Rocío que preparase una hagiografía de Germán Doig. Para entonces, Rocío ya sumaba dos casos de víctimas de Germán, así como lo sucedido con ella misma. Entonces, armándose de valor, le adelantó que no estaba en capacidad de elaborarla porque tenía claro que Germán no era un santo”. Ella era una de las personas encargadas en Roma de lograr la santificación de Doig. Hagiografía es la historia de la vida de los santos. El autor del libro termina el capítulo del testimonio de Rocío Figueroa con dos párrafos extraordinarios: “Decide, asimismo, hablar con el Vicario que reemplazó a Doig en el cargo: Eduardo Regal. A Regal le pide dos cosas : primero, cerrar ‘la causa’ de Germán y, segundo, exige la renuncia de Figari al cargo de superior general del Sodalitium por considerar que en el caso de Doig existe responsabilidad moral, y el costo de asumir ello supone que el fundador dé un paso al costado”. “Era el año 2010. Y en diciembre, mes del aniversario del Sodalitium, Figari notifica efectivamente su salida del cargo de superior general ‘por motivos de salud’. Y un par de meses antes, en octubre, se comunicó que la ‘causa’ de Germán ya no iba más ‘porque no alcanzó a tener virtudes heroicas’ o algo así, dijeron. Lo de los abusos fue silenciado y se le quiso mantener en la más absoluta oscuridad”. Un abrazo fraterno a los hombres y mujeres que superaron sus fragilidades reflexivas y se opusieron y vencieron a una perversión satánica. Salvo mejor opinión.